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ABC Teológico – C. La transmisión del pecado.
C. La transmisión del pecado.
El pecado es una enfermedad universal, contagiosa y terminal. Todos hemos sido infectados por el pecado. Lo hemos heredado de generación en generación, y
finalmente nos destruye.
c.1 El pecado entró en el mundo por un hombre; y por el pecado, la muerte pasó a todos los hombres. Romanos 5:12.
c.2 Por la transgresión de uno solo, reinó la muerte. Romanos 5:12.
Romanos 5:12
Reina-Valera 1960
12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
Santiago 1:15
Reina-Valera 1960
15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
Que hay pecado en el mundo, nadie lo puede negar. Los periódicos, la radio y la televisión anuncian desgracias de todo tipo; no importa en qué ciudad vivas, si juntas 5 periódicos, hallaras más o menos los siguientes relatos:
…Matan a golpes a joven trabajador…
…Capturan a depravado, que violo a su hijo menor de edad…
…Arraigan a policías, cómplices de robos y crímenes…
…Cae peligroso líder de cartel, responsable de más de 300 muertes…
…Golpe a banda que operaba en carreteras, secuestraban camiones…
Muchos dirían: “Yo no he cometido pecados tan feos”; por lo cual nos calificamos de “bastante buenos”. Las indiscreciones, las mentiritas y los pequeños robos, dan la impresión de ser insignificantes, por lo que no merecen ser contados como pecado. La mayoría piensa: “Mientras yo no mate o robe en grande, no hay problema…”.
La fornicación, la codicia y la violencia, parecen no alarmar a nadie. Muchos entre semana se gozan pecando, al cabo que el domingo van a la Iglesia. Pero al observar la condición real de nuestra familia, al mirar las circunstancias por las que pasan nuestros vecinos y compañeros de trabajo, al reflexionar sobre la condición de nuestra comunidad y nuestra nación, al mirarnos interiormente; tenemos que reconocer que tenemos un grave problema. ¿Cómo aceptar la doctrina del autoengaño?
El principio de la caída fue la desobediencia a Dios. Cuando se desobedecen las instrucciones, se pierde el respeto a la autoridad. La mujer, engañada por la serpiente, se apartó de las instrucciones de Dios. Si Adán hubiera creído lo que Dios le dijo, jamás hubiera tocado ni mucho menos comido del fruto que Dios le dijo: “No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis”.
Pero Adán y Eva, después de haber dado el primer paso, el de la rebeldía; provocaron que los demás vinieran en cadena. Se encendieron los deseos perversos, como la codicia y la obstinación (Adán se puso del lado de Satanás). No conforme con ser hecho a la imagen y semejanza de Dios, quiso ser igual que Dios, acusando a Dios de mentiroso, envidioso y malvado. No toda la culpa la tiene Satanás, cada uno decide si creerle o rechazarlo cada vez que él hace una oferta.

